diumenge, 4 de maig de 2014

Caleidoscopio Urbano

Passatges bcn
Proyecto: Tokyu Plaza Omotesando Harajuku
Localización: Tokyo, Japan
Año: 2012

La ciudad es uno de los paradigmas de la actividad humana y, probablemente, es imposible definirla sin aludir a la intensidad de las relaciones, los intercambios y las conexiones entre los ciudadanos que es capaz de generar. 
Desde un punto de vista espacial, toda la legislación y todas las normativas aluden únicamente a dos tipos de espacios, el espacio público y el espacio privado, pero ya abundan los textos que hablan de un tercer espacio, el espacio colectivo. 
Si el espacio privado es aquel que está definido porque su titularidad es privada y el público se define por su pertenencia a la colectividad, el espacio colectivo sería aquel que aún siendo privada su propiedad, el uso que se desarrolla es claramente público. 

Está ya demostrado que los espacios públicos requieren de estas actividades, de bares, comercios, cines u otros espacios colectivos para mantener la tensión urbana y generar actividad y, por lo tanto, capacidad para socializar e intercambiar. 
Un edificio que resume bien este nuevo modelo es el levantado por el arquitecto japonés Hiroshi Nakamura para el centro comercial Plaza Omotesando, situado en uno de los cruces de caminos más concurridos del mundo, en el distrito comercial de Harajuku, en Tokio. 
Esta zona de la capital nipona ofrece ya un alto grado de mestizaje, en una interesante combinación y superposición de los rituales tradicionales del antiguo imperio y de los delirios consumistas y tecnológicos del nuevo Japón. Puede resultar chocante e incluso difícil de creer que la avenida Omotesando, llena de grandes tiendas de marcas de lujo diseñadas por Kengo Kuma, Toyo Ito, Tadao Ando, MVRDV o SANAA, sea al mismo tiempo el acceso procesional al templo sintoísta más antiguo y más grande de toda la ciudad. 

Esta mezcla es precisamente el punto de partida de la arquitectura de Nakamura, que reinterpreta la estética de las grandes cubiertas, a menudo el elemento más importante de los edificios tradicionales japoneses, para diseñar un edificio comercial donde la clave está en la devolución del espacio de la cubierta al ciudadano. 
La composición del edificio se divide claramente en dos partes, es ligero y transparente en la base, sólido y opaco en la parte superior. Las tiendas de la parte inferior abren sus grandes ventanales a la avenida Omotesando, mientras que a los pisos superiores se accede por una escalera que es sin duda el elemento clave para trasladar a los transeúntes a la cubierta- plaza que remata el edificio. En una de las ciudades más densamente pobladas del planeta, como Tokio, perder suelo para generar espacio público era un lujo que el proyecto no se podía permitir, pero por contra sí que se podía generar un espacio abierto al ciudadano en la cubierta, que complementase los usos y la actividad del centro comercial multiplicando las posibilidades de uso. De este modo, se planteó la construcción de un jardín, de un nuevo paisaje en la azotea del edificio. Esta isla verde que concentra 34 árboles y 50 tipos diferentes de plantas parece apartar momentáneamente al visitante del intenso ritmo de Tokio, olvidando por un momento la localización ultra-urbana en la que se encuentra en el edificio. 

La ciudad urbana actual necesita de este tipo de modelos para subsanar los errores de su urbanismo, evidentemente éstos no se encuentran en los centros urbanos, allí donde la actividad es máxima y la ciudad aún mantiene su pulso activo. La decadencia de la ciudad está en las periferias, en esos no lugares, espacios sin nombre, idénticos en todas las grandes urbes, donde no existe la identidad y el espacio colectivo.

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